sábado, 13 de noviembre de 2010

Un Paseo por la Urbanización de mi infancia.

La característica fundamental del hombre urbanizado puede definirse en una sola emoción: El miedo.
Se trata de un miedo paranoico, autoinducido, que no está provocado por ningún peligro en concreto, se observa claramente en la arquitectura: las casas todas pegadas y divididas en bloques, un muro de separación que divide la zona de jardín y las pistas deportivas y otro muro que separa el exterior-peligro del interior de la urbanización, todo el complejo en sí parece una fortaleza inexpugnable, las ventanas de las casas tienen todas rejas metálicas, en la entrada principal un gran letrero rojo reza: “Propiedad Privada, Prohibido el Paso”. Este gran cartel es interiorizado en las mentes de los residentes como un mantra, las 4 Ps sagradas: Propiedad: yo me separo del resto por poseer una propiedad que debo defender de los demás que quieren robármela, Privada: Esta propiedad es mía exclusivamente, nadie puede beneficiarse de su uso nada más que yo y mi familia, Prohibido el Paso: La palabra Prohibido siempre estará presente en la mente del hombre urbanizado, creando todo un inventario de prohibiciones para limitar sus pasos a lo largo de la vida.
Cabría pensar que esta urbanización conscientemente separada y aislada de su entorno puede constituir toda una comunidad, sin embargo el hombre urbanizado vive en permanente conflicto y desconfianza con sus vecinos de comunidad, debido a esta mentalidad privada considera a sus vecinos cómo competidores en el beneficio de los recursos de la comunidad (piscina, barbacoa, parque, pistas deportivas) , los vínculos que mantiene con sus vecinos están inseminados de esta desconfianza, ya que todo lo que no es él y su familia es considerado cómo peligro potencial, además, la urbanización está compuesta por familias muy diversas, provenientes de distintas zona geográficas y de distinto nivel adquisitivo. Esto hace que resulte complicado identificarse con el otro, cuyo bagaje y procedencia puede ser muy distinta.
Un ejemplo representativo de la vida urbanizada puedo serlo yo y mi familia: desde niño fuí socializado en la necesidad de unos límites claros y definidos, yo salía de mi urbanización fortaleza después de atravesar dos puertas y llegaba al colegio-cárcel, en este colegio cárcel permanecía el día completo, digo colegio-cárcel por que la arquitectura de este colegio es similar al de una cárcel, con vallas altas y edificios cuadrados, y porque emocionalmente es vivida cómo una cárcel, existe una separación por edades con otra valla en su interior, el entorno físico dónde un niño se desarrolla condiciona su mentalidad, un entorno con tantas vallas de separación y arquitectura cuadrada condiciona una pensamiento de separar elementos, una mentalidad muy rígida y sin capacidad de percibir la realidad, obsesionados con delimitar nuestra propiedad vivimos encerrados toda la vida entre cuatro paredes: la urbanización-fortaleza, el colegio-cárcel, el coche y la oficina cuándo somos mayores, a nivel psíquico, permanecemos enclaustrados en nuestra propia mente-prisión, incapaces de percibir la verdadera bastedad del universo dónde vivimos.
Esta socialización que sufre el hombre urbanizado obsesionado con delimitar todo el espacio dónde habita y paranoico del temor a que le roben su propiedad, le convierte en un ser desconfiado que necesita por encima de todo seguridad. Toda su vida girará en torno a pedir cada vez mayor seguridad, se trata cómo sabemos de un círculo vicioso dónde el miedo hace buscar seguridad, pero al percibir que es posible mayor seguridad vuelve a aparecer el miedo, y este círculo no tiene fin.

El trauma que supone nacer y crecer en una familia urbanizada dura toda la vida, ahora es cuando empiezo a percibir sus nefastas consecuencias.
Durante todo el crecimiento el temor al exterior de la urbanización siempre estuvo presente en mi vida, en la televisión hablaban de asesinatos y robos, yo creía vivir en un oasis dentro de un desierto de barbarie humana, de hecho, mi juego preferido era fantasear con que vivía en una fortaleza que debía defender ante mis enemigos del exterior, simbólicamente estaba elaborando lo que percibía a mi alrededor.
Creces con ese miedo y esa inseguridad que te impiden explorar el mundo, arriesgarte.
En el colegio, el niño debe sobrevivir a la edu-castración de sus potencialidades naturales, sometido a un férreo horario es evaluado y controlado, sometido a una presión constante por parte de los profesores, por una educación cuyo objetivo es eliminar toda creatividad o talento especial en el niño para instaurar unos conocimientos en su mayor parte inservibles y no relacionados con la realidad que vive el niño, fruto de esta terrible educación el niño se vuelve desconfiado, comienza a ver a sus compañeros cómo competidores, el miedo a lo diferente provoca la burla y el desprecio hacia aquellos que se salen de lo establecido, se trata de todo un proceso para destruir aquello que es esencial en el niño, este trauma durará toda la vida, y el adulto lo habrá interiorizado perfectamente, no necesitará ya de profesores-policía que le manden porque él mismo reclamará que le digan que tiene que hacer y cómo debe vivir.

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