domingo, 21 de noviembre de 2010

El Hombre Urbanizado.


La característica fundamental del hombre urbanizado puede definirse en una sola emoción: El miedo.
Se trata de un miedo paranoico, autoinducido, que no está provocado por ningún peligro en concreto, se observa claramente en la arquitectura: las casas todas pegadas y divididas en bloques, un muro de separación que divide la zona de jardín y las pistas deportivas  y otro muro que separa el exterior-peligro del interior de la urbanización, todo el complejo en sí parece una fortaleza inexpugnable, las ventanas de las casas  tienen todas rejas metálicas, en la entrada principal un gran letrero rojo reza: “Propiedad Privada, Prohibido el Paso”. Este gran cartel es interiorizado en las mentes de los residentes como un mantra, las 4 Ps sagradas: Propiedad: yo me separo del resto por poseer una propiedad que debo defender de los demás que quieren robármela, Privada: Esta propiedad es mía exclusivamente, nadie puede beneficiarse de su  uso nada más que yo y mi familia,  Prohibido el Paso: La palabra Prohibido siempre estará presente en la mente del hombre urbanizado, creando todo un inventario de prohibiciones para limitar sus pasos a lo largo de la vida.
Cabría pensar que esta urbanización conscientemente separada y aislada de su entorno puede constituir toda una comunidad, sin embargo el hombre urbanizado vive en permanente conflicto  y desconfianza con sus vecinos de comunidad, debido a esta mentalidad privada considera a sus vecinos cómo competidores en el beneficio de los recursos de la comunidad (piscina, barbacoa, parque, pistas deportivas) , los vínculos que mantiene con sus vecinos están inseminados de esta desconfianza, ya que todo lo que no es él y su familia es considerado cómo peligro potencial, además, la urbanización está compuesta por familias muy diversas, provenientes de distintas zona geográficas y de distinto nivel adquisitivo. Esto hace que resulte complicado identificarse con el otro, cuyo bagaje y procedencia puede ser muy distinta.
Un ejemplo representativo de la vida urbanizada puedo serlo yo y mi familia: desde niño fuí socializado en la necesidad de unos límites claros y definidos, yo salía de mi urbanización fortaleza después de atravesar dos puertas y llegaba al colegio-cárcel, en este colegio cárcel permanecía el día completo,  digo colegio-cárcel por que la arquitectura de este colegio es similar al de una cárcel, con vallas altas y edificios cuadrados, y porque emocionalmente es vivida cómo una cárcel, existe una separación por edades con otra valla en su interior, el entorno físico dónde un niño se desarrolla condiciona su mentalidad, un entorno con tantas vallas de separación y arquitectura cuadrada condiciona una pensamiento de separar elementos, una mentalidad muy rígida y sin capacidad de percibir la realidad, obsesionados  con delimitar nuestra propiedad vivimos encerrados toda la vida entre cuatro paredes: la urbanización-fortaleza, el colegio-cárcel, el coche y la oficina cuándo somos mayores, a nivel psíquico, permanecemos enclaustrados en nuestra propia mente-prisión, incapaces de percibir la verdadera bastedad del universo dónde vivimos.
Esta socialización que sufre el hombre urbanizado obsesionado con delimitar todo el espacio dónde habita y paranoico del temor  a que le roben su propiedad, le convierte en un ser desconfiado que necesita por encima de todo seguridad. Toda su vida girará en torno a pedir cada vez mayor seguridad, se trata cómo sabemos de un círculo vicioso dónde el miedo hace buscar seguridad, pero al percibir que es posible mayor seguridad vuelve a aparecer el miedo, y este círculo no tiene fin.

El trauma que supone nacer y crecer en una familia urbanizada dura toda la vida, ahora es cuando empiezo a percibir sus nefastas consecuencias.
Durante todo el crecimiento el temor al exterior de la urbanización siempre estuvo presente en mi vida, en la televisión hablaban de asesinatos y robos, yo creía vivir en un oasis dentro de un desierto de barbarie humana, de hecho, mi juego preferido era fantasear con que vivía en una fortaleza que debía defender ante mis enemigos del exterior, simbólicamente estaba elaborando lo que percibía a mi alrededor.
Creces con ese miedo y esa inseguridad que te impiden explorar el mundo, arriesgarte.
En el colegio, el niño debe sobrevivir a la edu-castración de sus potencialidades naturales, sometido a un férreo horario es evaluado y controlado, sometido a una presión constante por parte de los profesores, por una educación cuyo objetivo es eliminar toda creatividad o talento especial  en el niño para instaurar unos conocimientos en su mayor parte inservibles y no relacionados con la realidad que vive el niño, fruto de esta terrible educación el niño se vuelve desconfiado, comienza a ver a sus compañeros cómo competidores, el miedo a lo diferente provoca la burla y el desprecio hacia aquellos que se salen de lo establecido, se trata de todo un proceso para destruir aquello que es esencial en el niño, este trauma durará toda la vida, y el adulto lo habrá interiorizado perfectamente, no necesitará ya de profesores-policía que le manden porque él mismo reclamará que le digan que tiene que hacer y cómo debe vivir

lunes, 15 de noviembre de 2010

El Decrecimiento cómo la única de opción del ser humano.

Decrecimiento

De Wikipedia, la enciclopedia libre
El decrecimiento es una corriente de pensamiento político, económico y social favorable a la disminución regular controlada de la producción económica con el objetivo de establecer una nueva relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, pero también entre los propios seres humanos. Rechaza el objetivo de crecimiento económico en sí del liberalismo; en palabras de Serge Latouche: la consigna del decrecimiento tiene como meta, sobre todo, insistir fuertemente en abandonar el objetivo del crecimiento por el crecimiento, [...] En todo rigor, convendría más hablar de "acrecimiento", tal como hablamos de "ateísmo".[1] Por ello también se suelen denominar "objetores de crecimiento". La investigación se inscribe pues en un movimiento más amplio de reflexión sobre la bioeconomía y el postdesarrollo, que implicaría un cambio radical de sistema.
Muchas organizaciones por el decrecimiento han adoptado como logo el caracol, en referencia a las palabras de Iván Illich sobre la Lógica del Caracol.[a].
La conservación del medio ambiente, afirman, no es posible sin reducir la producción económica que sería la responsable de la reducción de los recursos naturales y la destrucción del medio que genera, que actualmente estaría por encima de la capacidad de regeneración natural del planeta. Además, también cuestiona la capacidad del modelo de vida moderno para producir bienestar. Por estas causas se oponen al desarrollo sostenible. El reto estaría en vivir mejor con menos.[2]
Los partidarios del decrecimiento proponen una disminución del consumo y la producción controlada y racional, permitiendo respetar el clima, los ecosistemas y los propios seres humanos. Esta transición se realizaría mediante la aplicación de principios más adecuados a una situación de recursos limitados: escala reducida, relocalización, eficiencia, cooperación, autoproducción (e intercambio), durabilidad y sobriedad. En definitiva, y tomando asimismo como base la simplicidad voluntaria, buscan reconsiderar los conceptos de poder adquisitivo y nivel de vida. De no actuar razonadamente, opinan generalmente que se llegaría a una situación de decrecimiento forzado debido a esa falta de recursos: y si no decrecemos, mi pronóstico es el siguiente, en virtud de un proyecto racional, mesurado y consciente, acabaremos por decrecer de resultas del hundimiento sin fondo del capitalismo global.[3]
Sus defensores argumentan que no se debe pensar en el concepto como algo negativo, sino muy al contrario: cuando un río se desborda, todos deseamos que decrezca para que las aguas vuelvan a su cauce.[4

sábado, 13 de noviembre de 2010

Un Paseo por la Urbanización de mi infancia.

La característica fundamental del hombre urbanizado puede definirse en una sola emoción: El miedo.
Se trata de un miedo paranoico, autoinducido, que no está provocado por ningún peligro en concreto, se observa claramente en la arquitectura: las casas todas pegadas y divididas en bloques, un muro de separación que divide la zona de jardín y las pistas deportivas y otro muro que separa el exterior-peligro del interior de la urbanización, todo el complejo en sí parece una fortaleza inexpugnable, las ventanas de las casas tienen todas rejas metálicas, en la entrada principal un gran letrero rojo reza: “Propiedad Privada, Prohibido el Paso”. Este gran cartel es interiorizado en las mentes de los residentes como un mantra, las 4 Ps sagradas: Propiedad: yo me separo del resto por poseer una propiedad que debo defender de los demás que quieren robármela, Privada: Esta propiedad es mía exclusivamente, nadie puede beneficiarse de su uso nada más que yo y mi familia, Prohibido el Paso: La palabra Prohibido siempre estará presente en la mente del hombre urbanizado, creando todo un inventario de prohibiciones para limitar sus pasos a lo largo de la vida.
Cabría pensar que esta urbanización conscientemente separada y aislada de su entorno puede constituir toda una comunidad, sin embargo el hombre urbanizado vive en permanente conflicto y desconfianza con sus vecinos de comunidad, debido a esta mentalidad privada considera a sus vecinos cómo competidores en el beneficio de los recursos de la comunidad (piscina, barbacoa, parque, pistas deportivas) , los vínculos que mantiene con sus vecinos están inseminados de esta desconfianza, ya que todo lo que no es él y su familia es considerado cómo peligro potencial, además, la urbanización está compuesta por familias muy diversas, provenientes de distintas zona geográficas y de distinto nivel adquisitivo. Esto hace que resulte complicado identificarse con el otro, cuyo bagaje y procedencia puede ser muy distinta.
Un ejemplo representativo de la vida urbanizada puedo serlo yo y mi familia: desde niño fuí socializado en la necesidad de unos límites claros y definidos, yo salía de mi urbanización fortaleza después de atravesar dos puertas y llegaba al colegio-cárcel, en este colegio cárcel permanecía el día completo, digo colegio-cárcel por que la arquitectura de este colegio es similar al de una cárcel, con vallas altas y edificios cuadrados, y porque emocionalmente es vivida cómo una cárcel, existe una separación por edades con otra valla en su interior, el entorno físico dónde un niño se desarrolla condiciona su mentalidad, un entorno con tantas vallas de separación y arquitectura cuadrada condiciona una pensamiento de separar elementos, una mentalidad muy rígida y sin capacidad de percibir la realidad, obsesionados con delimitar nuestra propiedad vivimos encerrados toda la vida entre cuatro paredes: la urbanización-fortaleza, el colegio-cárcel, el coche y la oficina cuándo somos mayores, a nivel psíquico, permanecemos enclaustrados en nuestra propia mente-prisión, incapaces de percibir la verdadera bastedad del universo dónde vivimos.
Esta socialización que sufre el hombre urbanizado obsesionado con delimitar todo el espacio dónde habita y paranoico del temor a que le roben su propiedad, le convierte en un ser desconfiado que necesita por encima de todo seguridad. Toda su vida girará en torno a pedir cada vez mayor seguridad, se trata cómo sabemos de un círculo vicioso dónde el miedo hace buscar seguridad, pero al percibir que es posible mayor seguridad vuelve a aparecer el miedo, y este círculo no tiene fin.

El trauma que supone nacer y crecer en una familia urbanizada dura toda la vida, ahora es cuando empiezo a percibir sus nefastas consecuencias.
Durante todo el crecimiento el temor al exterior de la urbanización siempre estuvo presente en mi vida, en la televisión hablaban de asesinatos y robos, yo creía vivir en un oasis dentro de un desierto de barbarie humana, de hecho, mi juego preferido era fantasear con que vivía en una fortaleza que debía defender ante mis enemigos del exterior, simbólicamente estaba elaborando lo que percibía a mi alrededor.
Creces con ese miedo y esa inseguridad que te impiden explorar el mundo, arriesgarte.
En el colegio, el niño debe sobrevivir a la edu-castración de sus potencialidades naturales, sometido a un férreo horario es evaluado y controlado, sometido a una presión constante por parte de los profesores, por una educación cuyo objetivo es eliminar toda creatividad o talento especial en el niño para instaurar unos conocimientos en su mayor parte inservibles y no relacionados con la realidad que vive el niño, fruto de esta terrible educación el niño se vuelve desconfiado, comienza a ver a sus compañeros cómo competidores, el miedo a lo diferente provoca la burla y el desprecio hacia aquellos que se salen de lo establecido, se trata de todo un proceso para destruir aquello que es esencial en el niño, este trauma durará toda la vida, y el adulto lo habrá interiorizado perfectamente, no necesitará ya de profesores-policía que le manden porque él mismo reclamará que le digan que tiene que hacer y cómo debe vivir.

sábado, 6 de noviembre de 2010

causas de sufrimiento


                Nuestra sed espiritual está siempre presente, es una necesidad intrínseca de nuestra alma, y si las condiciones ambientales no pueden  satisfacer esta sed nos sentiremos desconectados del mundo, solos y angustiados.

                Venimos al mundo con una carga que no elegimos pero que nos marcará para el resto de nuestras vidas, de niños tenemos la imperante necesidad de sentirnos amados, protegidos y tenidos en cuenta en nuestra familia, aprendemos a relacionarnos con el mundo imitando a nuestros padres, así es cómo adquirimos nuestros patrones o rasgos de personalidad, el niño entra a desempeñar un determinado rol dentro de la familia, dependiendo de las circunstancias en las que nace( el número que ocupa con los hermanos, si viene a substituir a algún familiar)  y el deseo que sus padres proyectan sobre él ( si lo deseaban con otro sexo, las expectativas y esperanzas que tienen puestas en él).

                Así se van forjando improntas en nuestro inconsciente, que pueden tomar la forma de promesas que hacemos ante el mundo  ( no podré superar nunca a mis padres, por lo que no me permito triunfar,  nadie puede quererme por que no soy digno de ello, no puedo confiar en la gente, tengo que luchar para sobrevivir en este mundo).

Andamos por la vida queriendo cambiar  las causas que nos producen sufrimiento pero ignoramos la fuerza que estas promesas ejercen sobre nosotros.


                El cuerpo emocional se constituye en su profundidad de las emociones que sentimos  en  nuestra infancia, y de la relación que creamos con el objeto de nuestro amor.  (Relaciones de identificación, fusión, proyección, etc), de manera que estas emociones siguen teniendo su fuerza y de hecho son la base de nuestro cuerpo emocional cómo adultos.

Podríamos pensar entonces que si nuestras emociones están marcadas por la infancia, entonces tendríamos poco margen para cambiar y evolucionar, actualizando nuestras emociones a nuestro nivel de conciencia, lo que ocurre es que cuando ampliamos nuestro nivel de conciencia se produce la alquimia y el cuerpo emocional puede mutar en  emociones  de mayor  paz, serenidad y lucidez.

Por esto el psicoanálisis no resulta eficaz para el cambio necesario en el cuerpo emocional del ser humano actual, la mayoría de personas tienen  el cuerpo emocional de un niño, cómo mucho de un adolescente, y están totalmente identificadas con esas promesas que hicieron, el psicoanálisis puede ayudarles a tomar consciencia de estas promesas, pero para cambiar se hace necesario una evolución en la conciencia, pues un simple análisis racional de sus causas no produce ninguna transformación.