¿Qué me dice la Torre?
Deja de buscar a Dios en el cielo y encuéntralo en la tierra.
Soy el templo: el mundo entero es un altar que sacralizo. Mi existencia, como la vuestra, demuestra con cada latido de corazón que el mundo es divino, que la carne es una celebración viva, y la vida una construcción incesante.
Una corona defensiva me alejaba del mundo. Un tapón de antiguas palabras obstruía mi mente, nubes de sentimientos cristalizados, momificados, petrificados, impedían que surgiera la luz de mis latidos.
Si quieres llenarte primero debes vaciarte, si quieres obtener algo que necesitas, antes debes desprenderte de aquello que no necesitas.
Un manto denso de deseos transformaban mis formidables ganas de vivir en carcelero. Era carne sin Dios, consumiéndose en las llamas de su propia existencia mi Ser convertido en prisión.
Desprecíandome, aislándome creyendo defender un territorio interior que sólo me pertenecía a mí ¿Qué era yo en la oscuridad de esa torre? ¿Amo de que? ¿De qué parecer, de qué falsa identidad? Sólo era el aire enrarecido de una oscuridad egoísta.
Y, de repente, desde dentro y desde fuera surgió la fuerza esencial, el amor que sostiene la materia. Mi cima se abrió, mis cimientos también. Conocí el fuego del centro de la tierra, aquello que sostiene el Universo. Recibí el eje universal, y entonces, dejé de ser torre para ser canal.
Entonces estalló la alegría de la unión. Lo alto era lo bajo, lo bajo era lo alto. Sabía que podía estallar, que cada uno de mis ladrillos, cruzaría el infinito como un ave. Sabía que todo lo que había estado encerrado en la materia brotaría a través de mí Yo era el pilar central de una danza cósmica, era sencillamente el cuerpo humano en plena recepción de su energía original.
Te invito a que te desprendas de todas tus creencias erróneas y tus patrones caducos de pensamiento. A que aceptes que has tratado de aislarte del mundo y esto te ha provocado demasiado sufrimiento.
Ahora ya debe cesar toda lucha, toda división, renuncia a esa mente enferma y ríndete a tu poder superior.
Pon en manos de la divinidad tu vida y tus pensamientos y brotará de nuevo en ti la verdadera plenitud, la alegría inmensa de vivir, si quieres entrar en mí deberás echar al fuego todos los caprichos infantiles de la tristeza y el miedo que tanto tiempo te han acosado.

1 comentario:
Disculpa, de donde extrajiste este texto? me interesa mucho.
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